La Gratitud No se Ve
Acción de Gracias desde la Mirada Mexicana
La Gratitud No se Ve
Acción de Gracias desde la Mirada Mexicana
‘Thanksgiving’. Para un mexicano en Estados Unidos, la palabra carga dos significados que conviven sin mezclarse. Por un lado, está el atractivo del feriado, el aroma del pavo en el horno, la mesa larga, la posibilidad -a veces la única del año- de reunir a una familia dispersa entre estados y turnos laborales. Pero detrás del mantel y las risas, permanece la ironía inevitable de celebrar una festividad que honra a los inmigrantes fundadores del país, mientras se vive en una Era Trump donde la inmigración mexicana es criminalizada, reducida a caricatura o amenaza.
Para millones, el 27 de noviembre no es solo una fecha en el calendario, es un recordatorio de que habitamos dos mundos a la vez. La mesa lo revela mejor que cualquier discurso, junto al sofisticado relleno y el puré de papa, aparecen frijoles, tamales y un toque de chile. Es una fusión que no busca permiso ni pide disculpas. Es la metáfora perfecta de nuestra existencia en Estados Unidos, integrados, sí, pero nunca asimilados por completo.
La ironía del “inmigrante bueno”
La historia oficial de Acción de Gracias glorifica a los primeros colonos, hombres y mujeres que cruzaron océanos en busca de refugio y oportunidad. Celebramos, en teoría, el triunfo del sueño migratorio. Sin embargo, en la actualidad, esa misma narrativa convive con un clima político que desprecia a quienes personifican ese sueño ahora. Mientras el país se detiene para honrar a los inmigrantes de hace cuatro siglos, margina a los inmigrantes contemporáneos que sostienen su economía, su agricultura, sus restaurantes y, de forma literal, su celebración.
La desconexión emocional es profunda. Muchos mexicanos que preparan la comida, atienden mesas o limpian casas para que la fiesta sea posible se sienten invisibles o peor aún, señalados. Porque la promesa de un muro, las redadas y el discurso divisorio no se evaporan cuando la familia se sienta a cenar. Son un fantasma silencioso que acompaña la reunión, especialmente para quienes tienen seres queridos indocumentados o han enfrentado la separación familiar. En ese contexto, dar gracias se convierte en un acto de resistencia emocional.
Una gratitud que también es afirmación
Este Día de Acción de Gracias, la gratitud mexicana tiene una profundidad distinta. No se limita al bienestar y la familia, abarca nuestra capacidad de persistir. Agradecemos el trabajo incansable que permite enviar remesas y abrir camino a la siguiente generación. Agradecemos una comunidad que se apoya sin pedir nada a cambio. Agradecemos la esperanza -esa terquedad luminosa- de que este país es también nuestro, construido con nuestro esfuerzo.
El mensaje que llevamos a la mesa es claro: Somos la continuación viva de la historia migrante que la festividad dice celebrar. El pavo se come con tortillas; el inglés convive con el español; en cada plato fusionado se refleja la dignidad de un pueblo que vino a construir, no a destruir.
Este 27 de noviembre, en plena Era Trump, la reunión familiar mexicana es más que una cena, es un acto de afirmación cultural y un recordatorio silencioso de que somos parte esencial de la historia estadounidense. Demos gracias, sí, pero hagámoslo de pie, con la cabeza en alto. Porque, al final, también somos Peregrinos con pasaporte mexicano.
Nora Oranday, Coordinadora de Acción en Plenitud para Adultos Mayores del Partido Acción Nacional