América no es sólo Estados Unidos
Columbus Day (Día de Colón) o Día de la Resistencia Indígena
América no es sólo Estados Unidos
Columbus Day (Día de Colón) o Día de la Resistencia Indígena
El 12 de octubre, más allá de la controversia que rodea la figura de Cristóbal Colón, nos confronta con una distorsión geográfica y cultural profundamente arraigada: la asimilación del nombre "América" con un único país. Es imperativo desmantelar esta simplificación.
América no es sinónimo de Estados Unidos. América es un vasto continente, un mosaico de culturas, geografías e historias que se extiende desde el Ártico canadiense hasta el Cabo de Hornos en Chile. Es un territorio que abarca la pluralidad de Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, y donde los mexicanos, junto a otros pueblos hispanos, constituyen una de sus venas más fuertes. Cuando hablamos de opresión y persecución de los mexicanos en la nación vecina, estamos presenciando un conflicto que ocurre dentro del mismo supercontinente, un dolor que resuena en la "Otra América".
Con el presente texto pretendemos situar la dura realidad del migrante mexicano bajo el prisma correcto: Una comunidad que dentro de su propio continente, enfrenta dinámicas de conquista moderna que recuerdan dolorosamente a los eventos que el 12 de octubre conmemora y que hoy, como ayer, exigen una redefinición de lo que significa ser americano.
El Espejo de una Opresión Continua
El 12 de octubre, ‘Día de la Raza’ como lo conocíamos en México, para muchos en Estados Unidos, es el "Día de Colón" (Columbus Day), una fecha que evoca el "descubrimiento" de América. Sin embargo, para la vasta y diversa comunidad hispana, y en particular para millones de mexicanos que residen en ese país, la conmemoración resuena con una discordancia dolorosa. Más que un encuentro de mundos, se siente como la evocación histórica de un ciclo de opresión que se repite en su propia vida cotidiana.
El paralelo entre la conquista de 1492 y la realidad actual de la migración mexicana es, si se mira con detenimiento, escalofriante. Si hace cinco siglos fue el yugo imperial y el despojo de la tierra, hoy es la persecución migratoria y el despojo de la dignidad. Los mexicanos en Estados Unidos, con o sin documentos, viven bajo una sombra constante de amenaza. Las políticas antiinmigrantes, la retórica xenófoba y los operativos de ICE actúan como modernos conquistadores, invadiendo la vida privada, sembrando el miedo y desmantelando familias.
El espíritu del 12 de octubre, que en algunos lugares se ha resignificado como el Día de la Resistencia Indígena, subraya una verdad ineludible: la llegada de Colón marcó el inicio de la violencia sistémica. De manera similar, la presencia de la comunidad mexicana en Estados Unidos, aunque vital para la economía y la cultura del país, es constantemente criminalizada. Se les exige el trabajo, el sudor y el capital humano, pero se les niega el derecho a una vida plena y segura. Son tratados como mano de obra desechable, con salarios injustos y sin protecciones legales adecuadas, reviviendo la explotación laboral de épocas coloniales.
Esta doble realidad es un peso psicológico y emocional. La conmemoración de una fecha histórica que simboliza el inicio de la subyugación se yuxtapone con la experiencia diaria de ser vigilado, marginado y temido en la tierra que labran. El 'descubrimiento' no fue sino el génesis del despojo; y la realidad migratoria de hoy no es sino la continuación de esa dinámica, donde el 'otro' es visto como una amenaza a ser contenida, en lugar de como un ser humano con derechos inalienables.
El 12 de octubre debería obligar a la sociedad estadounidense a mirarse al espejo. La fecha no debe ser un día de festín histórico, sino de introspección profunda sobre cómo las viejas narrativas de poder y subyugación siguen dictando la vida de la comunidad mexicana. Si hay algo que celebrar, es la inquebrantable resistencia, la dignidad y la capacidad de forjar comunidad que millones de mexicanos demuestran cada día bajo el manto de la persecución. Es una resistencia que honra a los pueblos originarios y a todos aquellos que han luchado contra la opresión, desde 1492 hasta el presente. Es hora de cambiar la narrativa: de conmemoración de la conquista, a un firme reconocimiento de la lucha y la humanidad.