EL PRECIO DEL MIEDO
Por qué Nuestra Ausencia Desestabiliza a Estados Unidos
EL PRECIO DEL MIEDO
Por qué Nuestra Ausencia Desestabiliza a Estados Unidos
La incertidumbre y el miedo a las deportaciones se han convertido, una vez más, en la sombra que pesa sobre nuestros días. Sentir el temor de que una redada nos aparte de nuestros seres queridos es una angustia que ninguna familia debería conocer. Sin embargo, en medio de este clima hostil, surge una verdad innegable y poderosa: Somos indispensables.
La retórica de la división ignora una realidad fundamental que hoy golpea directamente al bolsillo de este país, cuando la comunidad inmigrante se ausenta, la economía de Estados Unidos se resfría, y lo hace de gravedad. No se trata de una teoría, sino de hechos palpables.
¿Quién recoge la cosecha que alimenta a las mesas estadounidenses? El temor ha provocado que los cultivos se pudran en los campos por falta de jornaleros. ¿Quién construye los hogares y la infraestructura de esta nación? El sector de la Construcción, donde los inmigrantes son más del 30 porciento de la fuerza laboral en algunas áreas, está paralizado. La escasez de mano de obra en estos y otros sectores como servicios y hotelería está elevando los costos operativos, presiona los salarios al alza y, al final, transfiere esos gastos a todos los consumidores, alimentando la inflación.
Esta crisis económica no es culpa de los inmigrantes, sino de la persecución. Quienes promueven la expulsión masiva deben entender que están proponiendo un autogol demoledor para el producto interno bruto (PIB) estadounidense, el cual podría reducirse en billones de dólares a largo plazo. Además, seamos claros, la comunidad indocumentada contribuye anualmente con miles de millones en impuestos federales, estatales y locales. Nuestra expulsión no es solo una tragedia social; es una pérdida fiscal monumental.
Pero la historia no termina en la economía. El miedo y la ansiedad que sentimos están impulsando un despertar político crucial. La comunidad latina está demostrando que tiene la memoria fresca y el voto firme.
La más reciente encuesta ha encendido una luz de esperanza y acción: la aprobación del presidente Donald Trump entre los votantes latinos cayó drásticamente a un 37%. Este desencanto, que es aún más marcado entre las mujeres latinas (67 porciento de desaprobación), es la respuesta directa a políticas que nos han tratado como mercancía desechable.
Nuestra comunidad, que ya demostró ser decisiva en las elecciones recientes, está reubicando su peso político. Al ver cómo se divide a nuestras familias y cómo se paraliza la economía por nuestra ausencia, se vuelve evidente que nuestro poder va más allá del trabajo, también reside en la urna.
El camino a seguir es la unidad y el reconocimiento de nuestro valor. Ya hemos visto que no somos un lastre, sino el motor de este país. El miedo puede ser una herramienta de opresión, pero también puede ser el catalizador de nuestra acción. Usemos nuestra voz, organicemos a la comunidad, y recordemos siempre que, aunque algunos nos vean como "otros", somos, para bien o para mal, un pilar insustituible de la economía y el futuro de este país.