GREGORY BOVINO
La Controversia del Jefe de la Patrulla Fronteriza y la Sombra de la Discriminación
GREGORY BOVINO
La Controversia del Jefe de la Patrulla Fronteriza y la Sombra de la Discriminación
La figura de Gregory Bovino, jefe de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, se ha convertido en el símbolo de una política migratoria marcada por el endurecimiento y la sospecha. Su traslado de Los Ángeles a Chicago, junto con las operaciones que ha comandado en ambas ciudades, ha reavivado el debate sobre los límites éticos en la aplicación de las leyes migratorias durante la segunda presidencia de Donald Trump.
Bovino alcanzó notoriedad en California al frente de la Operación At Large, caracterizada por tácticas agresivas, agentes encapuchados y videos cuidadosamente editados de redadas difundidos en redes oficiales. Lo que para sus defensores es una muestra de “eficiencia y transparencia”, para sus críticos representa un uso propagandístico del poder. Su lema operativo, “turn and burn” (“gira y quema”), resume un enfoque que presume resultados numéricos -miles de arrestos-, pero deja tras de sí un alto costo humano y legal.
Perfil racial y confrontación con las ciudades santuario
Las acciones dirigidas por Bovino enfrentan acusaciones formales de perfilamiento racial. En un proceso judicial iniciado en Los Ángeles, se argumentó que “agentes federales enmascarados, blandiendo armas, no pueden exigir comprobación migratoria basándose en el color de piel, el acento o el tipo de trabajo”. Una jueza federal determinó que varias detenciones carecieron de fundamento razonable y se sustentaron en rasgos raciales y lingüísticos.
El traslado de Bovino a Chicago para encabezar la Operación Midway Blitz fue interpretado como una provocación política y un desafío directo a las políticas de “ciudad santuario”. Las tensiones escalaron rápidamente: el alcalde Brandon Johnson y el gobernador J.B. Pritzker denunciaron sus tácticas como “violentas y discriminatorias”, acusando a los agentes de detener personas “por hablar con acento o por tener la piel morena”. Bovino, inmutable, ha respondido con una frase que sintetiza su visión de autoridad: “Aquí no hay santuario”.
Los límites de la fuerza y la ética en juego
Las consecuencias de sus métodos no son solo políticas: también han sido trágicas. La muerte de dos personas indocumentadas que intentaban huir de agentes bajo su mando -un trabajador agrícola que cayó de un invernadero y un jornalero guatemalteco atropellado- pone en entredicho la proporcionalidad de sus tácticas. Bovino ha justificado acciones como romper ventanas de autos para evitar persecuciones peligrosas, pero sus detractores sostienen que se trata de una normalización de la violencia institucional.
Detrás de cada operativo, de cada imagen cuidadosamente producida, subyace una estrategia que busca proyectar control y seguridad interior a cualquier costo. Pero ese mismo costo se mide en confianza pública, en cooperación comunitaria y, sobre todo, en vidas humanas.
Un espejo de la política migratoria estadounidense
El caso de Gregory Bovino trasciende su figura individual: es un espejo del modelo migratorio que Estados Unidos ha elegido bajo el discurso de “orden y seguridad”. Sus operaciones encarnan la tensión entre el poder federal y la autonomía local, entre la aplicación de la ley y el respeto a los derechos humanos.
En última instancia, la pregunta que deja su trayectoria no es solo si Bovino actuó con exceso, sino si la nación que lo respalda está dispuesta a asumir el costo moral de una política que, en nombre de la seguridad, erosiona la dignidad de quienes más necesitan protección.