La Esperanza en el Ocaso
El sueño sigue para nuestros mayores migrantes
Por Dhc Nancy Gutiérrez Herrera *
El sueño sigue para nuestros mayores migrantes
Por Dhc Nancy Gutiérrez Herrera *
Sin duda cinco décadas de migración en EUA han revolucionado la forma en que miramos “la dolariza” que llega a nuestros rincones mexicanos en eterna precariedad. Michoacán de corazón roto desde el siglo pasado, con un martirio que exacerba la Historia como si de un purgatorio se tratara; el Estado de México de un desasosiego casi centenario y Jalisco que resiste exprimiendo el usufructo de la fe y la esperanza.
Aquí nacieron la mayoría de nuestros adultos mayores en EUA; migrantes del siglo pasado dentro del mismo sistema de gobierno “revolucionario institucional” cuya realidad obligó a tantos a migrar para traer un poco de bien a su familia, a su estado y a su país.
La población de migrantes de 65 años y más, constituye hoy un grupo con una historia de vida singular, llena de esfuerzo y sacrificio, y que, al llegar a la vejez, se enfrenta a una vulnerabilidad que interpela nuestra conciencia como nación; algunos pocos de nuestros connacionales son ciudadanos, residentes. Lograron reunir a su familia y enraizar generaciones que ya no añoran nuestro México y sus miserias romantizadas… triunfaron, sobrevivieron, resistieron y fueron puente de familia extensa y jóvenes que van a envejecer allá “del otro lado”… de ambos lados.
Esta generación mantiene una fuerte identidad, se mantienen trilingües a fuerza de resistencia y su peregrinar no termina de vuelta a casa, de vuelta allá y de vuelta acá hasta la última morada. La travesía de nuestros adultos mayores en el extranjero no ha sido en vano; su esfuerzo ha sostenido a miles de familias en México, pero la huella de la precariedad es profunda.
Datos que Mueven
Se estima que alrededor de 2 millones de migrantes mexicanos han alcanzado la tercera edad en Estados Unidos. De ellos, la estadística es cruda: Aproximadamente 500 mil son indocumentados y se cree que un desalentador 97 porciento no cuenta con una pensión que les garantice un retiro digno y autónomo. Esto los obliga a depender exclusivamente de sus familias, o peor aún, a seguir trabajando en condiciones de extrema dificultad física, a pesar de sus años.
El 93 porciento de los migrantes mayores envía remesas a sus hogares, demostrando que su rol económico activo es un acto de resistencia incondicional que nunca cesa. Su falta de seguro de salud en EUA, que afecta a un alarmante 34 porciento de esta población, y que sin documentos impide que puedan beneficiarse de la transformación que acá les da seguridad social aunque no residan en el país, pero están allá atrapados en un estatus migratorio inhumano que paradójicamente les asegura la vida, y no se las cuida.
Este panorama no debe llevarnos a la resignación, sino a la acción. Cada uno de estos números representa una vida, una historia de resistencia que merece un final de cuento, no de angustia.
La Promesa de la Protección Social Universal
Apremia un deber prospectivo que tome a los mexicanos migrantes como su prioridad, que entienda sus necesidades y que, como gobierno, asuma la responsabilidad como beneficiario directo de las remesas; los Estados que reciben remesas están obligados a la construcción de un futuro donde la dignidad sea la única compañera de nuestros adultos mayores. La esperanza yace en el reconocimiento de su valor y garantizar la consolidación de derechos que honren su legado, como el derecho a votar y ser votados.
El derecho a una vejez digna no puede depender de fronteras ni de estatus migratorio, ejecutar ya un modelo de pensión directamente proporcional al ingreso más alto de dinero que entra al país. Esta extensión no es un favor, sino un acto de justicia y una deuda histórica. Reconocer que, a través de sus remesas, han sostenido a México, es fundamental. La meta es clara: Garantizar una base económica que les dé autonomía y la tranquilidad que tanto merecen.
No sólo es la consolidación de esquemas flexibles, como la afiliación al IMSS para Trabajadores Independientes, que permite a los migrantes mayores acceder a servicios médicos en México, generar una pensión por invalidez y vida, y ahorrar para el retiro.
Urge un trabajo consular, político social y migratorio con empatía clara con la realidad de los mayores de 65 la coordinación con consulados debe ser la llave que abra esta puerta de protección a quienes su estatus migratorio los mantiene presos en el territorio de las libertades.
Facilitar la obtención de visas a los abuelos y abuelas para que puedan abrazar a sus hijos y nietos, muchas veces después de décadas de separación, es un bálsamo para el alma y una reparación emocional irremplazable. Un retorno digno, el camino de vuelta, de ida y vuelta que les permita elegir.
Para aquellos que eligen regresar, la estrategia "México te Abraza" debe garantizar un retorno fluido y humano, el reconocimiento de los adultos mayor migrantes, cargados de años y experiencia, que puedan mirar atrás con orgullo y hacia adelante con serenidad. Ya se ganaron “la edad de oro”, es una obligación colectiva asegurar que el último capítulo de sus vidas sea el más tranquilo y feliz.
Hagamos de la esperanza una realidad innegable y de las acciones nuestras crónicas.
* Dhc Nancy Gutiérrez Herrera es Académica de la FESC UNAM, Directora de la Comunidad Internacional de Ética y Responsabilidad Social, CIERS. Coord. UNAMos Manos por la Responsabilidad Social Universitaria.