Vivienda y arraigo: ¿Cómo lograr que la inversión de los mexicanos en el exterior fortalezca el desarrollo de sus pueblos sin encarecer el derecho al hogar?
Vivienda y arraigo: ¿Cómo lograr que la inversión de los mexicanos en el exterior fortalezca el desarrollo de sus pueblos sin encarecer el derecho al hogar?
REMESAS, VIVIENDA Y DESIGUALDAD
El Nuevo Costo de Volver a México
Para millones de mexicanos que viven en Estados Unidos, el regreso tiene una imagen clara. Levantar una casa en el pueblo, volver con lo propio y cerrar el ciclo con tranquilidad. Ese sueño ha sido motor de trabajo durante años. Hoy, sin embargo, se enfrenta a una realidad incómoda. Vivir en el lugar de origen es cada vez más caro, incluso para quienes nunca se fueron.
Cuando el regreso cambia el mercado
En muchas comunidades de alta migración, el precio de la tierra y la vivienda ya no responde solo a los ingresos locales. Las remesas, el ahorro en dólares y la inversión familiar han introducido un nuevo nivel de capacidad de compra. A esto se suman el turismo, las rentas temporales en plataformas como Airbnb y dinámicas especulativas. El resultado es un mercado que se mueve más rápido que los salarios en pesos.
No es un problema de intención. Nadie regresa para desplazar a su propia comunidad. El desajuste ocurre porque el crecimiento no está acompañado por reglas claras. Aunque existen instituciones como INFONAVIT, su alcance es limitado en estas zonas y la planeación urbana suele llegar tarde. Así, la oferta se orienta hacia quienes pueden pagar más, mientras las familias locales pierden acceso a suelo y vivienda.
Ordenar sin excluir
La solución no pasa por frenar la inversión, sino por dirigirla mejor. Los municipios pueden establecer lineamientos claros para nuevos desarrollos. Definir densidades, garantizar acceso a servicios y exigir una proporción de vivienda accesible dentro de cada proyecto permite que el crecimiento no se vuelva excluyente.
También es momento de impulsar vivienda mixta en zonas bien ubicadas. Proyectos promovidos por gobiernos locales, en alianza con actores comunitarios, pueden integrar distintos niveles de ingreso en un mismo espacio y aprovechar la infraestructura existente. Esto evita dividir al pueblo en dos realidades.
Del lado de los migrantes, organizar la inversión puede marcar la diferencia. Los clubes y redes de connacionales tienen experiencia en trabajo colectivo a través de esquemas como el Programa 3x1 para Migrantes, donde las remesas se han multiplicado para financiar obras comunitarias. Ese mismo principio puede evolucionar hacia proyectos habitacionales o mejoras urbanas más integrales, que incluyan vivienda accesible, infraestructura básica o espacios públicos. No solo elevan la calidad de vida, también ayudan a estabilizar el valor de largo plazo en las comunidades.
A esto se suma una herramienta sencilla y urgente. Transparencia en los precios del suelo. Registros públicos accesibles reducen abusos y ayudan a tomar mejores decisiones.
Volver a casa no debería encarecerla. Si el crecimiento se ordena y la inversión se piensa en comunidad, el regreso deja de ser un privilegio individual y se convierte en una oportunidad compartida.