Miles de trabajadores migrantes levantan la infraestructura y los estadios en Estados Unidos para la Copa del Mundo 2026, sosteniendo una economía que a menudo los mantiene en la incertidumbre política.
Miles de trabajadores migrantes levantan la infraestructura y los estadios en Estados Unidos para la Copa del Mundo 2026, sosteniendo una economía que a menudo los mantiene en la incertidumbre política.
El Mundial que Construyen los Invisibles
Mucho antes de que se escuche el silbatazo inicial, el Mundial del 2026 ya tiene protagonistas invisibles. Son miles de migrantes, en su mayoría mexicanos y latinoamericanos, que construyen, limpian, cocinan y mantienen en funcionamiento la infraestructura que hará posible el torneo en Norteamérica. Su trabajo resulta indispensable para el éxito del campeonato, aunque su presencia continúe siendo motivo de disputa política, especialmente en Estados Unidos.
Las manos detrás del torneo
Más de una cuarta parte de los trabajadores de la construcción en Estados Unidos nació fuera del país. En estados mundialistas como California, Texas, Florida y Nueva York, los inmigrantes representan cerca de cuatro de cada diez trabajadores del sector. La infraestructura que recibirá a millones de visitantes fue levantada, en gran medida, por una fuerza laboral que habla español en las obras, los hoteles y los servicios que sostienen la industria turística.
La Copa del Mundo del 2026 será presentada como una celebración de la cooperación entre México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, detrás de esa narrativa existe una realidad menos visible. Una parte importante del éxito logístico del torneo dependerá de trabajadores migrantes que, mientras contribuyen a la economía, viven bajo la incertidumbre que generan las redadas, las detenciones y las amenazas de deportación.
La contradicción resulta difícil de ignorar. El país que necesita su trabajo para construir estadios, atender hoteles y mantener en marcha la actividad económica es el mismo que debate continuamente cómo restringir su permanencia.
La Historia del Mundial 2026 no debería medirse únicamente por la asistencia a los estadios, las audiencias televisivas o los contratos publicitarios. También debe contarse desde la experiencia de quienes sostienen una economía que difícilmente podría operar sin ellos.
Para miles de familias migrantes, la jornada laboral no termina al concluir el trabajo. Continúa con la preocupación permanente por una posible detención, por la separación familiar o por la incertidumbre de un sistema migratorio que parece ignorar la contribución cotidiana de millones de personas.
Cuando llegue el silbatazo inicial, el mundo celebrará una fiesta global. Detrás de cada estadio iluminado estarán las manos de miles de migrantes cuya contribución resulta indispensable para el éxito del torneo. Quizá la mayor contradicción de esta Copa del Mundo sea que buena parte de su grandeza descansará sobre trabajadores a quienes la economía necesita todos los días, pero cuya presencia sigue siendo cuestionada desde la política.