Una mujer sale de un punto de cobro con dinero en efectivo mientras recorre una calle de una comunidad mexicana. La etapa final de las remesas puede convertirse en un desafío para la seguridad de las familias.
Una mujer sale de un punto de cobro con dinero en efectivo mientras recorre una calle de una comunidad mexicana. La etapa final de las remesas puede convertirse en un desafío para la seguridad de las familias.
¿Quién protege el dinero de las familias migrantes?
Cada mes, millones de mexicanos que viven en Estados Unidos envían dinero para sostener a sus familias. Ese esfuerzo cruza fronteras mediante plataformas financieras cada vez más seguras, pero el recorrido no siempre termina cuando la transferencia queda disponible. En numerosas comunidades, el verdadero desafío comienza al momento de convertir el envío en efectivo y regresar a casa.
Las entidades que reciben mayores montos de remesas también concentran amplias zonas rurales donde el acceso a servicios bancarios es limitado. En esos lugares, muchas personas cobran el dinero en corresponsales financieros, tiendas de conveniencia o cajas de ahorro. El efectivo vuelve a convertirse en el medio predominante y, con ello, aumenta la exposición a delitos patrimoniales y a la presencia de grupos dedicados a la extorsión o al cobro de piso.
Aunque no existen estadísticas nacionales que documenten un patrón específico de ataques contra quienes cobran remesas, autoridades y especialistas en seguridad han advertido que los establecimientos que manejan efectivo son objetivos frecuentes de la delincuencia organizada. Esto coloca a miles de familias en un entorno de riesgo, especialmente cuando deben recorrer largas distancias para retirar recursos destinados a alimentos, medicamentos o gastos escolares.
La falta de infraestructura bancaria, el transporte público limitado y la escasa vigilancia en algunas localidades incrementan esa vulnerabilidad. Adultos mayores y mujeres que acuden solas a realizar los retiros suelen enfrentar mayores dificultades para proteger el dinero que reciben de sus familiares.
El debate ya no debe centrarse únicamente en cuánto dinero llega al país, sino en cómo garantizar que ese recurso llegue íntegro a las manos de quienes lo necesitan. La expansión de pagos electrónicos, el fortalecimiento de la banca digital y la instalación de más cajeros y sucursales en municipios con alta recepción de remesas podrían reducir la necesidad de transportar grandes cantidades de efectivo.
Para los mexicanos que trabajan en Estados Unidos, cada envío representa horas de esfuerzo y sacrificio. Proteger la última etapa del recorrido de las remesas significa resguardar mucho más que un ingreso económico. Significa preservar el bienestar de las familias y asegurar que el apoyo enviado desde el extranjero cumpla el propósito para el que fue destinado.