El Voto de Origen Mexicano es Decisivo en Elecciones Intermedias
El Voto de Origen Mexicano es Decisivo en Elecciones Intermedias
Por Jose Manuel Rojas Nava
La proximidad de las elecciones intermedias de noviembre del 2026 ha dejado de ser un rumor en los pasillos políticos para convertirse en el tema central de nuestras mesas y comunidades. Para el migrante que ha construido su vida en este país, este proceso electoral no representa simplemente un cambio de nombres en el Congreso, sino que se perfila como un referéndum sobre nuestra propia seguridad y dignidad. En este escenario, el votante de origen mexicano, que representa cerca del 60 por ciento de los 38 millones de latinos elegibles para votar, posee la llave que puede abrir o cerrar las puertas de la agenda política actual.
El peso de nuestra comunidad se siente con especial fuerza en los llamados Estados péndulo, esos lugares donde el margen de victoria es tan estrecho que cada voto cuenta como si valiera por 10. Es en estos territorios donde la balanza se inclina y donde los estrategas de ambos partidos observan con nerviosismo el despertar de un electorado que se siente bajo ataque.
Arizona se presenta como el epicentro de este fenómeno. Con un electorado donde el 30 por ciento es latino, mayoritariamente de origen mexicano, el poder de decisión es inmenso. Un movimiento de apenas dos o tres puntos en este grupo es suficiente para cambiar el rumbo del Estado y, por extensión, la composición del poder nacional.
En ciudades como Phoenix o Tucson, el sentimiento de orgullo por las raíces mexicanas se mezcla hoy con una determinación renovada de usar el voto como una herramienta de protección frente a retóricas que nos señalan injustamente.
Nevada ofrece otra perspectiva fundamental de este rompecabezas electoral. En este Estado, el 22 por ciento de los votantes son latinos y muchos de ellos forman la columna vertebral de la industria de servicios. Durante las elecciones del 2024, una parte de este grupo se vio atraída por promesas de estabilidad económica y una reducción en el costo de vida. Sin embargo, al inicio de este 2026, la realidad ha impuesto una balanza muy distinta. La preocupación por el precio de la renta o la gasolina compite ahora con el impacto emocional de las redadas migratorias. El despliegue de agentes enmascarados en operativos agresivos ha roto la confianza que algunos habían depositado en el gobierno. Para el trabajador en Las Vegas o Reno, la economía es importante, pero la seguridad de no ser separado de su familia al salir del trabajo se ha vuelto la prioridad absoluta.
Texas, por su parte, sigue siendo el gigante que muchos consideran inamovible, pero los márgenes nos cuentan una historia diferente. Aunque el Estado mantiene una tendencia conservadora, el crecimiento masivo del voto mexicoestadounidense en áreas urbanas, está transformando el mapa político. Los intentos por redibujar los distritos y minimizar nuestra influencia no han hecho más que encender una chispa de movilización masiva. En Estados como Texas, la estrategia ya no es convencer a todos, sino obligar al partido en el poder a gastar recursos y tiempo defendiendo terrenos que antes consideraba seguros. El votante tejano de origen mexicano está enviando un mensaje claro, no importa cuántos obstáculos pongan en el camino, nuestra presencia es una realidad que no pueden borrar con un mapa.
El dilema del votante mexicano ha evolucionado de manera profunda en estos últimos dos años. Si bien en el pasado reciente la premisa de la economía primero guio a muchos hacia el bando republicano, hoy nos enfrentamos a una amenaza que toca la fibra más sensible de nuestra identidad, la soberanía de México. Las propuestas de intervención directa en territorio mexicano para combatir a los grupos criminales no son vistas por nuestra comunidad como una medida de seguridad, sino como una ofensa nacional y familiar. Para un mexicano-estadounidense, escuchar que el presidente de Estados Unidos sugiere violar la integridad del país donde nacieron sus padres es una línea roja que no se puede ignorar. Esta postura es percibida como un ataque a la propia familia y genera una reacción de defensa que supera cualquier afinidad partidista previa.
A esto se suma el impacto económico real en las remesas. Cualquier inestabilidad política o diplomática provocada por agresiones hacia México afecta directamente el valor del peso y la seguridad del dinero que enviamos para sostener a nuestros seres queridos. Cuando se amenaza la estabilidad de México, se está amenazando el bienestar de millones de familias que dependen de ese puente económico. En este sentido, la actual presidenta de México ha sabido utilizar el tratado comercial como una herramienta de negociación, recordándonos a todos que una guerra política con México se traduce inevitablemente en precios más altos en el supermercado para el consumidor estadounidense.
El fenómeno del arrepentimiento preventivo es real y se refleja en las cifras de desaprobación que hoy alcanzan el 64 por ciento entre los latinos. El miedo al arresto o a la persecución migratoria ha dejado de ser un tema exclusivo de quienes no tienen documentos para convertirse en una preocupación compartida por familias de estatus mixto. El 41 por ciento de nuestra comunidad teme hoy un arresto migratorio, lo que está transformando la antigua apatía en una movilización masiva de castigo. El voto ya no es solo un derecho civil, es un acto de supervivencia frente a la militarización interna en ciudades como Chicago o Minneapolis.
Finalmente, los jóvenes de la Generación Z y los Millennials están inyectando una energía nueva y crítica al proceso. Para ellos, las ideas de control absoluto sobre otros países se perciben como un imperialismo anticuado que solo sirve para distraer de los problemas internos urgentes, como la crisis de vivienda o el acceso a la salud. Estos jóvenes votantes no solo rechazan la agresión hacia México, sino que exigen resultados en la calidad de vida dentro de Estados Unidos.
Si las elecciones de noviembre fueran hoy, el voto mexicano se levantaría como el muro definitivo que frenaría las agendas más extremas. La balanza no se inclinará por una ideología abstracta, sino por el instinto básico de proteger el hogar, la familia y la herencia cultural. Este 2026, el gigante demográfico no solo inclinará la balanza, sino que definirá el suelo sobre el cual se construirá el futuro de esta nación.
* José Manuel Rojas Nava, es Maestro en Neurociencia aplicada al Marketing por la Universidad Internacional de la Rioja. Con experiencia en comunicación estratégica de impacto social, tanto en México como en Estados Unidos.