¿QUIÉN CONTRUIRÁ EL FUTURO?
El Declive del Sueño Americano sin Trabajadores Mexicanos
¿QUIÉN CONTRUIRÁ EL FUTURO?
El Declive del Sueño Americano sin Trabajadores Mexicanos
Durante décadas, la economía de Estados Unidos funcionó sobre un supuesto no escrito. La mano de obra mexicana siempre estaría disponible. Flexible, abundante y dispuesta a ocupar los trabajos más duros y peor remunerados, sostuvo en silencio sectores completos. Al cierre de 2025, esa certeza se ha desmoronado. Ya no es una advertencia aislada ni una consigna sindical. Es una crisis de productividad que recorre los campos agrícolas, las obras de construcción y los servicios urbanos.
La advertencia debe leerse como un síntoma profundo. No se trata de una escasez temporal, sino de un cambio estructural en la relación laboral entre ambos países. Los trabajadores que durante años levantaron ciudades y sostuvieron la producción agrícola ya no llegan en los mismos números. Y quienes lo hacen, llegan con mayor capacidad de elección y menor disposición a aceptar condiciones precarias.
Las consecuencias son claras y cuantificables. En 2025, la agricultura estadounidense registró pérdidas superiores a 9 mil millones de dólares por cultivos que no pudieron recolectarse a tiempo. Frutas y hortalizas, altamente dependientes de trabajo manual, fueron las más afectadas. El impacto se trasladó al consumidor. Los precios de productos frescos aumentaron en promedio quince por ciento, alimentando una inflación alimentaria que cerró el año por encima del objetivo oficial. La migración dejó de ser un asunto social para convertirse en una variable económica de primer orden.
Para entender por qué el flujo migratorio se ha reducido, es necesario mirar más allá del discurso político. México atraviesa una transición demográfica acelerada. En 2025, su tasa de fecundidad cayó por debajo de 1.6 hijos por mujer, reduciendo el número de jóvenes que antes migraban casi por inercia. A esto se suma el auge del 'nearshoring'. Nuevas inversiones industriales y logísticas han creado empleos técnicos en territorio mexicano que compiten, y a veces superan, los salarios ofrecidos en el campo o la construcción estadounidenses.
Mientras tanto, la política migratoria de Estados Unidos parece ir en sentido contrario a su propia economía. El sector de la construcción acumuló retrasos promedio de seis meses en proyectos de vivienda social durante 2025, encareciendo aún más el acceso a la vivienda. En el campo, el programa de visas temporales resultó insuficiente y lento. Menos de dos tercios de las solicitudes fueron aprobadas a tiempo, dejando a productores sin personal en plena temporada alta.
La lección es evidente. Las fronteras no pueden anular la lógica de la oferta y la demanda. Si Estados Unidos desea sostener su crecimiento, contener la inflación y garantizar su seguridad alimentaria, debe replantear la migración como un activo estratégico. No es un favor al vecino del sur. Es una decisión necesaria para su propia estabilidad económica.
Nora Oranday, Coordinadora de Acción en Plenitud para Adultos Mayores del Partido Acción Nacional