El Pacto Canadá-China y el Futuro de los Trabajadores Mexicanos
Mientras los canadienses abre sus fronteras al capital chino, miles de jornaleros mexicanos enfrentan un futuro incierto ante la inminente revisión de los tratados regionales
El Pacto Canadá-China y el Futuro de los Trabajadores Mexicanos
Mientras los canadienses abre sus fronteras al capital chino, miles de jornaleros mexicanos enfrentan un futuro incierto ante la inminente revisión de los tratados regionales
El reciente apretón de manos entre Canadá y China ha sacudido los cimientos estratégicos de Norteamérica. Con la firma del acuerdo entre el primer ministro Mark Carney y el presidente Xi Jinping el pasado 16 de enero del 2026, Canadá ha decidido trazar un camino propio, alejándose de la rigidez comercial impuesta por sus vecinos. Mientras el mundo observa las cifras millonarias y los aranceles reducidos, surge una pregunta esencial sobre quienes sostienen la tierra. ¿Qué significa este giro para los miles de trabajadores mexicanos que, año tras año, dan vida a las granjas canadienses?
El corazón del tratado reside en la drástica reducción de aranceles a la canola y otros granos. China ha bajado sus barreras del 84 por ciento a solo un 15 por ciento, lo que augura una bonanza sin precedentes para las provincias de las praderas. En este escenario, el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales se vuelve más crítico que nunca. Los trabajadores mexicanos no son solo invitados en este banquete comercial, son el motor indispensable que permitirá a Canadá cumplir con la demanda asiática. Si hay más pedidos, habrá más surcos que labrar y más manos necesarias en los campos de Saskatchewan y Manitoba.
Sin embargo, esta aparente bonanza agrícola camina sobre un hilo muy delgado. La paradoja es evidente. Mientras México ha decidido alinearse con la política de Estados Unidos, imponiendo aranceles protectores a los productos chinos, Canadá ha optado por la apertura. Esta divergencia política coloca a los residentes mexicanos en una posición de vulnerabilidad indirecta. La cercanía de la revisión del T-MEC en julio de este mismo año proyecta una sombra de incertidumbre sobre la estabilidad de los acuerdos de movilidad laboral regional.
Para el trabajador en el campo, el riesgo no es la falta de empleo, sino la tensión diplomática. Si la integración de Norteamérica se fractura por la presencia de capitales chinos en el norte, los programas que facilitan la migración legal y ordenada podrían terminar siendo moneda de cambio en una negociación mucho más agresiva. La labor de los mexicanos en Canadá ha sido históricamente un ejemplo de cooperación binacional, pero hoy se encuentra en medio de un ajedrez global donde las reglas están cambiando.
El desafío para el gobierno mexicano será proteger los derechos y la continuidad de estos trabajadores sin comprometer sus propios intereses comerciales con Washington. Por ahora, el campo canadiense se prepara para una temporada de exportaciones récord hacia el este, apoyado en el esfuerzo de quienes vienen del sur. Es un momento de oportunidad económica, pero también de vigilancia política. El futuro de la mano de obra mexicana en el norte dependerá de la habilidad de los líderes para navegar estas aguas turbulentas antes de que llegue el crucial verano de las renegociaciones.
Nora Oranday, Coordinadora de Acción en Plenitud para Adultos Mayores del Partido Acción Nacional