VENEZOLANOS VIVIENDO EN LA ESPERA
Retenidos en México y Ciudades Fronterizas Bajo Presión
VENEZOLANOS VIVIENDO EN LA ESPERA
Retenidos en México y Ciudades Fronterizas Bajo Presión
Lo que comenzó como un flujo de tránsito hacia el "sueño americano" se ha transformado en un despertar complejo dentro de las fronteras mexicanas. Las cifras no mienten y, a la vez, estremecen. Entre 2018 y finales de 2025, más de 700 mil venezolanos han sido registrados en situación irregular en México. Sin embargo, estas estadísticas esconden una realidad que trasciende los archivos del Instituto Nacional de Migración: El fenómeno de la "retención".
Hoy, México no es solo un puente, sino una sala de espera que amenaza con volverse permanente. Esta retención no debe leerse únicamente como una serie de detenciones administrativas. Es, en realidad, el sedimento de políticas fronterizas estadounidenses cada vez más restrictivas y la carencia de rutas legales claras. Miles de personas que soñaban con el norte han terminado instalándose en los corredores urbanos de Tijuana, Ciudad Juárez, Piedras Negras o Nuevo Laredo, transformando el tejido social de estas ciudades de manera irreversible.
La presión sobre los espacios urbanos es innegable. Las localidades fronterizas enfrentan hoy un desafío de infraestructura sin precedentes. El mercado laboral informal se ha convertido en el único refugio para una población que, al no contar con un estatus regular, se ve obligada a sobrevivir en la venta ambulante o la construcción no registrada. Esta dinámica no solo precariza la vida del migrante, sino que tensa la relación con los residentes locales que ya lidian con economías frágiles.
El impacto en la vivienda es otro punto crítico. El encarecimiento de los alquileres y el hacinamiento en cuartos compartidos afectan tanto al recién llegado como al vecino de bajos ingresos. A esto debemos sumar la saturación de servicios básicos como la salud y el transporte, en municipios cuyos presupuestos nunca fueron diseñados para sostener picos migratorios prolongados.
Más allá del asfalto y los servicios, existe una vulnerabilidad humana que nos obliga a la reflexión. La falta de regularización deja a miles de familias a merced de la explotación laboral y las redes de trata. En los márgenes del control institucional, el migrante venezolano se vuelve invisible para la ley, pero blanco fácil para el crimen.
Proyecciones a corto plazo
Tomando en cuenta la persistencia de la crisis interna de Venezuela, donde cerca de 6.87 millones de venezolanos viven en América Latina y el Caribe, y se proyecta que alrededor de un 5 % de la población venezolana planea migrar en los próximos seis meses, es razonable esperar que México siga recibiendo presiones migratorias en 2026. Incluso si las características de la migración cambian -por ejemplo, flujos más familiares o con menores- la retención seguirá siendo relevante mientras no existan rutas legales que permitan avanzar o una política de integración urbana fuerte por parte de las autoridades mexicanas.
Es urgente transitar hacia políticas locales de convivencia que articulen el empleo formal, amplíen la vivienda accesible y fortalezcan los servicios sociales con un enfoque intercultural. La migración no es un problema que se resuelve con muros o detenciones; es una realidad humana que se gestiona con integración y visión de futuro. El reto para nuestras ciudades es transformar la retención forzada en una hospitalidad productiva que beneficie a todos.
Nora Oranday, Coordinadora de Acción en Plenitud para Adultos Mayores del Partido Acción Nacional