EL CASO DE LIAM RAMOS
Cuando la Táctica Policial Supera la Decencia Humana
EL CASO DE LIAM RAMOS
Cuando la Táctica Policial Supera la Decencia Humana
El arresto de Liam Ramos, un niño de cinco años en Columbia Heights, Minnesota, marca un punto de inflexión oscuro en la política migratoria de los Estados Unidos. No estamos solo ante una detención administrativa, sino ante el uso de un infante como herramienta de captura. Cuando el Estado utiliza a un niño de preescolar como "carnada" para atraer a su padre, la línea entre la aplicación de la ley y la crueldad sistémica desaparece por completo.
La perversión del protocolo
El uso de menores en operativos policiales es, por definición, una violación de los principios más básicos de protección a la infancia. En el caso de Liam, los agentes de ICE no solo ignoraron su vulnerabilidad, sino que la instrumentalizaron. Al obligar a un niño a tocar la puerta de su propio hogar para facilitar un arresto, se destruye para siempre la noción de "hogar" como espacio seguro. El trauma no es un efecto secundario; es el método.
La mentira del "abandono"
La justificación oficial del DHS, alegando que el niño fue "abandonado" durante el operativo, resulta no solo inverosímil frente a los testimonios de la escuela, sino profundamente ofensiva. Intentar encubrir una táctica de señuelo bajo el lenguaje de la protección infantil es un acto de cinismo burocrático. Liam no estaba abandonado; estaba bajo el cuidado de su padre hasta que la intervención federal decidió romper ese vínculo de la forma más traumática posible.
El asilo bajo ataque
Lo más incomprensible es que la familia Ramos estaba siguiendo las reglas: tenían un caso de asilo pendiente. Esto nos lleva a una pregunta inquietante: ¿Cuál es el mensaje que se envía a la comunidad inmigrante? Si seguir el debido proceso legal no protege a un niño de cinco años de ser usado como señuelo por agentes enmascarados, entonces el sistema no está buscando orden, sino sembrar el terror.
Una sociedad en juego
La detención de Liam y su posterior traslado a un centro en Texas no es un "daño colateral" de la seguridad fronteriza. Es una herida autoinfligida a los valores de justicia y humanidad de esta nación. Una ley que necesita aterrorizar a un niño de cinco años para ser efectiva es una ley que ha fallado. La sociedad debe exigir no solo la liberación de Liam, sino una prohibición absoluta del uso de menores como herramientas de coacción. La seguridad nacional nunca será más importante que la integridad psicológica de un niño.
Nora Oranday, Coordinadora de Acción en Plenitud para Adultos Mayores del Partido Acción Nacional