EL RECUENTO DEL PRIMER AÑO
El Costo Invisible del Regreso de Trump
EL RECUENTO DEL PRIMER AÑO
El Costo Invisible del Regreso de Trump
El primer aniversario del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca no puede medirse únicamente en órdenes ejecutivas o conferencias de prensa. Para la comunidad migrante mexicana, estos 12 meses han significado una transformación silenciosa pero profunda de la vida cotidiana. Más que un cambio político, ha sido una reorganización del miedo, la incertidumbre y la vulnerabilidad. El balance, aunque no siempre visible en las estadísticas, deja daños reales.
El primer golpe no fue material, sino emocional. El llamado “muro” más efectivo no ha sido de acero, sino psicológico. Aunque las deportaciones no alcanzaron las cifras apocalípticas prometidas en campaña, el mensaje fue claro: Nadie está a salvo. La reactivación de programas como Remain in Mexico y el cierre de vías legales como CBP One no solo endurecieron la frontera; clausuraron la esperanza. Hoy, miles de personas viven paralizadas, evitando hospitales, escuelas o incluso denunciar delitos, por miedo a quedar expuestas ante un sistema que parece haber borrado la palabra “asilo” de su vocabulario.
El segundo impacto se siente en el bolsillo, a ambos lados de la frontera. La propuesta de gravar las remesas con un impuesto del 5% no es un tecnicismo fiscal, sino una amenaza directa a millones de hogares en México. Para comunidades enteras del Bajío y del sur del país, ese dinero no es un lujo: Es comida, medicinas y educación. La simple discusión de este impuesto ha desacelerado envíos y sembrado temor. A esto se suma la presión arancelaria que ha convertido a México en un guardián forzado de la frontera estadounidense, desplazando el costo político y humano hacia el sur.
El futuro de los Dreamers completa este panorama de incertidumbre. DACA ha sobrevivido un año más, pero en estado de agonía legal. No es estabilidad; es una pausa frágil. Jóvenes plenamente integrados a la vida laboral y social de Estados Unidos viven con planes suspendidos, carreras detenidas y decisiones vitales postergadas. El daño no siempre termina en una deportación: también existe en la ansiedad constante de no saber si mañana se podrá seguir viviendo donde siempre se ha vivido.
Paradójicamente, esta política de exclusión ya muestra grietas económicas en Estados Unidos. Sectores como la agricultura y la construcción enfrentan escasez de mano de obra. Al perseguir al trabajador mexicano, se encarece la producción y sube el costo de vida. La economía comienza a resentir la ausencia de quienes la sostuvieron durante décadas desde la invisibilidad.
El recuento de los daños, a un año del regreso de Trump, revela familias fragmentadas y derechos erosionados. Sin embargo, también deja una constante histórica: la resiliencia de la comunidad mexicana. El desafío de 2026 será convertir esa resistencia en protección real, exigir una política consular más firme y construir una estrategia de reintegración digna. Porque el daño ya está hecho; ahora la pregunta es quién asumirá la responsabilidad de repararlo.
Nora Oranday, Coordinadora de Acción en Plenitud para Adultos Mayores del Partido Acción Nacional