LA FACTURA DE LA QUIETUD DEMOGRÁFICA
Cuando el Sueño Americano Envejece
LA FACTURA DE LA QUIETUD DEMOGRÁFICA
Cuando el Sueño Americano Envejece
Los datos publicados por la Oficina del Censo en 2025 han enviado una señal de alerta que trasciende la política migratoria para convertirse en una advertencia económica existencial. Un crecimiento poblacional del 0,5% -la cifra más baja registrada en la Historia reciente- no es solo un éxito estadístico para quienes promueven el cierre de fronteras; es el síntoma de una nación que está perdiendo su principal ventaja competitiva: Su dinamismo demográfico.
Con una población de 342 millones de personas, Estados Unidos se enfrenta a un fenómeno que solía ser exclusivo de las economías estancadas de Europa o el este de Asia. La "cruzada" contra la inmigración ha logrado frenar el flujo de personas, pero en el proceso, ha desconectado el motor que históricamente ha renovado la fuerza laboral y ha sostenido el consumo interno. Sin esa ‘sangre nueva’, el país no solo es más pequeño en proyección; es un país que envejece a un ritmo que sus finanzas públicas no pueden seguir.
El desequilibrio del contrato social
El sistema de Seguridad Social y Medicare no es una bóveda donde se guarda el dinero de cada trabajador, sino un flujo constante donde la generación activa financia a la generación retirada. Durante décadas, este pacto funcionó gracias a una base amplia de contribuyentes jóvenes. Sin embargo, al restringir la inmigración —que aporta mayoritariamente personas en edad productiva—, esa base se está estrechando de forma alarmante.
El problema no es solo que haya menos personas, sino que la proporción entre quienes aportan y quienes reciben beneficios se está invirtiendo. Un sistema que antes se apoyaba en una multitud de trabajadores para sostener a cada jubilado, ahora se encuentra en una situación de asfixia contributiva. La ausencia de trabajadores inmigrantes, quienes a menudo contribuyen miles de millones en impuestos sobre la nómina sin tener acceso inmediato a beneficios, retira un subsidio vital que mantenía a flote el fondo de reserva de las pensiones.
Una economía sin manos
Más allá de los cheques de jubilación, el impacto social se sentirá en el costo de la vida. La escasez de mano de obra en sectores como la construcción, la agricultura y, sobre todo, el cuidado de la salud, generará una presión inflacionaria permanente. En una década, el desafío no será encontrar empleo, sino encontrar a alguien que pueda cubrir los servicios básicos de una población envejecida.
La paradoja es cruel, el mismo sector político que celebra la reducción del crecimiento poblacional tendrá que explicar, en unos años, por qué las pensiones se recortan o por qué la edad de jubilación debe subir a los 70 años para evitar la quiebra técnica.
Conclusión
Estados Unidos se encuentra en una encrucijada. Puede elegir ser una nación cerrada y estancada, o recuperar el modelo que la hizo potencia: ser el destino de quienes buscan construir un futuro. La soberanía no se defiende solo con muros, sino con una economía capaz de sostener a sus ciudadanos. Si la tendencia del 0,5% se consolida, el "sueño americano" corre el riesgo de convertirse en una tranquila, pero insostenible, casa de retiro.
Nora Oranday, Coordinadora de Acción en Plenitud para Adultos Mayores del Partido Acción Nacional