LA CAÍDA DEL MENCHO
¿Triunfo de Seguridad o Condena para el Migrante?
LA CAÍDA DEL MENCHO
¿Triunfo de Seguridad o Condena para el Migrante?
La eliminación de Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", en un operativo federal en Tapalpa, Jalisco, marca el fin de uno de los liderazgos más violentos en la historia reciente de México. Sin embargo, mientras el gobierno celebra este hito como una victoria definitiva, en las rutas clandestinas que cruzan el país el sentimiento es de una incertidumbre aterradora. Para el migrante, la caída del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) no es una liberación, sino el posible preludio de una violencia más caótica y fragmentada.
El migrante como mercancía
Bajo el mando de Oseguera, el CJNG no solo dominó el mercado de los sintéticos; industrializó el tránsito humano. El grupo consolidó un control férreo sobre puntos neurálgicos como el Istmo de Tehuantepec, Chiapas y la frontera norte en Tamaulipas y Sonora. En estos territorios, el migrante dejó de ser un individuo en tránsito para convertirse en una "mercancía" de alta rentabilidad.
La organización diversificó sus ingresos mediante la extorsión sistemática, el secuestro masivo y el cobro de "cuotas de paso". Esta estructura vertical permitía, en teoría, un orden criminal donde el pago a una facción garantizaba el avance. Con la muerte del "Mencho", ese orden se desvanece, dejando a miles de personas atrapadas en un tablero de guerra sin reglas claras.
La hidra de mil cabezas
La experiencia histórica en México nos advierte que la decapitación de un cártel suele derivar en una "feudalización" del territorio. Sin una figura central que arbitre las disputas, las células locales tienden a fragmentarse, volviéndose más agresivas para financiar sus propias guerras internas.
Para los migrantes, este escenario es letal por dos razones:
Doble tributación: La desaparición de un mando único obliga a los migrantes a pagar "piso" a múltiples facciones en disputa por el mismo tramo de carretera.
Violencia demostrativa: Los mandos medios suelen recurrir a la brutalidad extrema para marcar territorio o enviar mensajes a sus rivales, dejando a los grupos vulnerables en el fuego cruzado.
Realidad humanitaria
La caída de Oseguera, ocurrida en un marco de cooperación estrecha con inteligencia estadounidense, sugiere que su captura funcionó como una poderosa moneda de cambio política en un momento donde la crisis fronteriza dicta la agenda bilateral. Pero mientras las administraciones se cuelgan medallas, la realidad en las carreteras es de parálisis. Los narcobloqueos registrados tras el operativo han dejado varados a cientos de migrantes en zonas de alta peligrosidad, donde la seguridad pública hoy prioriza la contención militar sobre la protección civil.
Conclusión
La eliminación de "El Mencho" es un triunfo táctico innegable, pero si el Estado no acompaña este golpe con una estrategia de control territorial y protección humanitaria, el costo lo pagarán los más vulnerables. México no puede permitir que la victoria contra un capo se convierta en una derrota para los derechos humanos. La verdadera medida del éxito no será la caída de un nombre, sino la seguridad de quienes hoy caminan con miedo por suelo mexicano. Sin una presencia estatal que llene el vacío de poder, la factura del "triunfo" se seguirá cobrando en vidas migrantes.
La caída de "El Mencho" decapita al imperio, pero no libera las rutas. En el vacío de poder, los migrantes enfrentan una fragmentación criminal que convierte su tránsito en un botín de guerra y el peaje en una condena violenta.