El reverendo Jesse Jackson hablando ante la la ONU con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial. (marzo 2012). Foto: Flickr
El reverendo Jesse Jackson hablando ante la la ONU con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial. (marzo 2012). Foto: Flickr
JESSE JACKSON (1941-2026)
El Líder que Entendió que los Derechos Migrantes son Derechos Civiles
Hoy el mundo despide a un gigante moral y político. La muerte del reverendo Jesse Jackson, a los 84 años, no solo deja un vacío en el movimiento por los derechos civiles afroamericanos; deja en suspenso una de las apuestas más audaces por la unidad interracial en la historia contemporánea de Estados Unidos. Su legado no cabe en una sola causa porque él mismo se negó a aceptar que la justicia pudiera fragmentarse.
Discípulo político de Martin Luther King Jr., Jackson entendió que la lucha por la dignidad debía evolucionar con el tiempo. Si en los años sesenta el campo de batalla era la segregación legal, en los ochenta y noventa el desafío era la exclusión estructural, pobreza urbana, encarcelamiento masivo y una política migratoria que convertía a millones en sombras legales.
La arquitectura del arcoíris
Frente a ese escenario, levantó la Rainbow Coalition, una plataforma que rompió los compartimentos estancos del activismo tradicional. La “Coalición Arcoíris” no fue un eslogan colorido; fue una arquitectura política que redefinió la manera de entender el poder.
Jackson envió un mensaje revolucionario para la década de 1980, el trabajador migrante que cosecha en California, el joven latino que busca oportunidades en Chicago y el ciudadano negro que enfrenta la discriminación sistémica comparten la misma batalla contra la invisibilidad. No se trataba de competir por recursos limitados, sino de disputar el poder desde la convergencia.
En sus campañas presidenciales de 1984 y 1988 abrió espacios reales para líderes latinos históricamente marginados por el establishment demócrata. Figuras como Toney Anaya ocuparon lugares centrales en su plataforma, mientras dirigentes como Raúl Yzaguirre y Dolores Huerta encontraron un megáfono nacional para denunciar la subrepresentación latina. Para Jackson, la democracia estadounidense estaba incompleta sin esa presencia.
Del surco al púlpito, la alianza con el campo
Su relación con el liderazgo latino no fue simbólica; fue militante. Jackson fue un aliado leal de César Chávez y de la United Farm Workers. No se limitó a respaldar desde la distancia: caminó los surcos, participó en marchas y acompañó huelgas de hambre.
Impulsó con vigor el boicot a la uva en iglesias negras de Chicago y Nueva York, conectando el poder de consumo afroamericano con las demandas laborales de campesinos migrantes mexicanos. Esa alianza no solo fortaleció la causa agrícola; transformó la percepción pública del movimiento campesino, dotándolo de una dimensión nacional e interracial.
De ahí emergió con fuerza la idea de la coalición “negro-marrón”. En ciudades como Chicago, la solidaridad electoral permitió que líderes afroamericanos y latinos se respaldaran mutuamente. Jackson insistía en que el racismo que detenía a un joven negro en una esquina era el mismo que explotaba a un migrante en una fábrica. Cambiaban los escenarios; la lógica de exclusión era idéntica.
Migración como derecho civil
Su postura frente a la migración fue clara cuando otros optaban por la ambigüedad. Mientras parte del liderazgo temía que la llegada de trabajadores indocumentados afectara el empleo local, Jackson afirmó que los derechos de los migrantes eran, por definición, derechos civiles. “Nadie es ilegal por buscar pan y libertad”, repetía.
Defendió a los centroamericanos que huían de las guerras civiles en los años ochenta y respaldó el Movimiento Santuario, vinculando la política exterior estadounidense con las crisis migratorias. Para él, la frontera no podía ser excusa para suspender la humanidad. Su célebre “I am Somebody” (Yo soy alguien) no distinguía entre pasaportes ni estatus migratorios; era una defensa del valor absoluto de la persona
Hoy, cuando los muros —físicos y retóricos— vuelven a dominar el debate público, la filosofía de Jackson de derribar barreras y construir puentes adquiere una urgencia renovada. La interseccionalidad que defendió no fue una moda académica, sino una estrategia de supervivencia democrática.
Despedimos al reverendo con el respeto que merece quien nunca temió marchar bajo el sol, desde Selma hasta los campos agrícolas. Su voz se apaga, pero su mandato de unidad permanece. Mantener unidos los colores del arcoíris será ahora responsabilidad colectiva. El reverendo ha descansado; la marcha continúa.