DR. JORGE PARTIDA
Sanar el Trauma Migrante desde la Salud Mental
Por Mtra. Andrea María Guzmán Mauleón *
DR. JORGE PARTIDA
Sanar el Trauma Migrante desde la Salud Mental
Por Mtra. Andrea María Guzmán Mauleón *
Como uno de los rostros más reconocidos en el ámbito de la psicología clínica en Estados Unidos, el Dr. Jorge Partida se desempeña como jefe de Psicología del Departamento de Salud Mental del Condado de Los Ángeles, desde donde impulsa programas culturalmente competentes para atender las necesidades emocionales y sociales de las comunidades migrantes, especialmente las mexicanas y latinoamericanas.
Su historia profesional está profundamente ligada a su propia experiencia como migrante.
Nació en Jalisco, México y llegó a Chicago a los nueve años, en un proceso migratorio que implicó la separación de sus padres y hermanos, junto a las carencias económicas y al miedo constante a ser deportado. Esas vivencias marcaron su interés por entender el comportamiento humano y, sobre todo, por convertir el dolor en propósito: “Siempre supe que quería ser doctor, pero no un doctor tradicional. Quería ayudar a sanar lo que no se ve”, explica.
Formado como psicólogo clínico en la Universidad Loyola de Chicago, Partida comenzó su carrera como maestro en una escuela alternativa, donde trabajó con jóvenes en situación de pandilla. Posteriormente colaboró con clínicas sin fines de lucro y se desempeñó como director de Salud de Comportamiento en el hospital católico St. Elizabeth, también en Chicago.
Con el tiempo, su carrera académica lo llevó a dirigir el programa de doctorado en psicología de la Universidad John F. Kennedy en California, y más tarde a ocupar el cargo de Director de Salud de Comportamiento del Condado de San Francisco, antes de llegar a su actual posición en Los Ángeles.
Cada etapa, asegura, fue un aprendizaje sobre la complejidad del sistema de salud estadounidense y la necesidad de “crear servicios que comprendan la cultura y las heridas colectivas de la comunidad migrante”, como él mismo describe.
“Muchos programas en Estados Unidos no están diseñados para servir a nuestra gente. Se requiere entender el trauma individual y el trauma colectivo que vivimos como comunidad”, señala.
Su visión humanista y su compromiso se han fortalecido con los años. Durante su trayectoria ha sido profesor, investigador, terapeuta y servidor público, pero, sobre todo, un puente entre la salud mental y la identidad cultural.
“Más allá de los títulos, mi trabajo es una misión de vida… No es sólo ofrecer terapia, sino crear espacios donde nuestra gente pueda reconocerse y sanar”, explica con una mirada esperanzadora.
Uno de los momentos más difíciles en esta amplia trayectoria fue su participación en los centros de atención para niños migrantes separados de sus familias, en la frontera. En Pomona, California, atendió a cientos de menores bajo custodia federal, quienes vivían en condiciones temporales y de profunda incertidumbre:
“Le pregunté a un niño de diez años qué quería para su cumpleaños, y me respondió que lo único que deseaba era saber qué había pasado con su mamá”, recuerda conmovido.
Para Partida, esa escena resume la urgencia de abordar la salud mental como un tema integral y humanitario, más allá de la política migratoria.
“Esas heridas colectivas nos afectan a todos como comunidad. Nos desconectan de nuestro futuro, de nuestra estabilidad emocional, física y económica”.
El Dr. partida advierte que los efectos del trauma migratorio no se limitan a una generación. “Hay lutos no procesados, pérdidas que no se internalizan. Son heridas que no se sanan y que se heredan… Muchos seguimos viviendo con dolor acumulado, con tristeza que no se habla y con menos herramientas emocionales”, explica.
Durante la pandemia, él mismo perdió a su padre y a su padrino sin poder despedirse, una experiencia que lo llevó a reflexionar sobre la falta de espacios para abordar el duelo entre las familias migrantes.
En su trabajo actual, Partida impulsa una agenda que coloca a la salud mental como eje del bienestar integral.
“La salud mental es tan importante como la salud física, si no es que más, porque todo empieza en el pensamiento”, sostiene. Por ello, propone normalizar las conversaciones sobre emociones, combatir el estigma de buscar ayuda psicológica y promover programas preventivos en escuelas, donde los niños desarrollen habilidades sociales y emocionales desde temprana edad.
Además, insiste en la necesidad de que en las instituciones haya profesionales culturalmente competentes, capaces de comprender los contextos de quienes migran y de ofrecer servicios adecuados a sus realidades.
Para el Dr. Partida, la inteligencia emocional es más importante que la inteligencia académica, y debería enseñarse desde la infancia: “Tenemos que educar a nuestros niños para reconocer lo que sienten, para hablar de sus emociones. Si no lo hacemos, crecerán sin herramientas para enfrentar el dolor y repetirán los mismos patrones de silencio y vergüenza que hemos cargado por generaciones.”
También subraya la importancia de reconstruir la fibra social y comunitaria que históricamente ha caracterizado a la población mexicana: “Una de las cosas que nos define y protege es nuestra unión, nuestra empatía, nuestra capacidad de apoyarnos unos a otros”, afirma.
Para él, fortalecer esos lazos es tan importante como el acceso a la atención médica o psicológica.
Su mensaje final es una invitación a reconocer el poder colectivo de la comunidad mexicana en el extranjero: “En Los Ángeles somos el 48% de la población. Tenemos más voz de la que creemos”, asegura. Pero advierte que ese poder sólo se materializa si existe unión, conciencia y empatía.
“Sanar nuestras heridas es la base para sanar las de nuestros hijos. Unión, salud mental y poder: Esas son las tres palabras que resumen mi trabajo”, concluye.
El legado del doctor Jorge Partida no se mide únicamente por los cargos que ha ocupado, sino por su capacidad de traducir la ciencia en compasión y llevar este mensaje a través de los medios masivos de comunicación y de múltiples conferencias. Su historia representa la de miles de migrantes que han enfrentado el dolor, pero también la de quienes han decidido transformar ese dolor en propósito, haciendo de la salud mental un acto de justicia, comunidad y esperanza.
* Andrea María Gúzman Mauleón: Maestra en Dirección de la Comunicación y Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Con más de 9 años de experiencia en Igualdad de Género dentro de la Administración Pública. Asesora Legislativa en Cámara de Diputados.