Las mujeres mexicanas migrantes son un pilar económico binacional. Su participación en el mercado laboral impulsa la economía de Estados Unidos mientras sostienen a sus familias en México mediante remesas.
Las mujeres mexicanas migrantes son un pilar económico binacional. Su participación en el mercado laboral impulsa la economía de Estados Unidos mientras sostienen a sus familias en México mediante remesas.
ENVÍAN 47 MIL 308 MILLONES DE DÓLARES A MÉXICO
Mujeres que Sostienen Dos Naciones
Durante años, la migración mexicana en Estados Unidos fue contada principalmente desde una perspectiva masculina. Sin embargo, las mujeres representan una parte fundamental de esa comunidad y su participación económica tiene efectos a ambos lados de la frontera.
En 2022 había 5 millones de mujeres mexicanas inmigrantes en Estados Unidos, equivalentes al 47.6 por ciento de la población inmigrante mexicana en ese país. Un año después, cerca de 2 y medio millones estaban empleadas, lo que representó 35.8 por ciento del total de trabajadores mexicanos inmigrantes. Su masa salarial alcanzó 98 mil 598 millones de dólares en el 2023, 29.9 por ciento de los ingresos laborales obtenidos por los trabajadores mexicanos inmigrantes.
Su presencia económica tampoco se concentra en una sola actividad. Datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO) citados en investigaciones académicas muestran que, entre las mujeres mexicanas inmigrantes económicamente ocupadas, 81 por ciento trabajaba en el sector terciario, 15.3 por ciento en el industrial y 3.2 por ciento en el agropecuario.
El dinero que cruza la frontera
Una parte de esos ingresos regresa a México. Un estudio del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA) y Grupo Financiero Banorte estimó que entre el 2021 y el 2023, las mujeres mexicanas inmigrantes enviaron 47 mil 308 millones de dólares en remesas electrónicas desde Estados Unidos.
La cifra representó 28.6 por ciento de los 165 mil 542 millones de dólares enviados electrónicamente desde Estados Unidos a México durante esos tres años. En otras palabras, casi tres de cada 10 dólares transferidos electrónicamente en ese corredor fueron enviados por mujeres mexicanas.
El esfuerzo económico también puede medirse en relación con sus ingresos. Entre el 2021 y el 2023, las mujeres mexicanas inmigrantes obtuvieron una masa salarial acumulada de 267 mil 835 millones de dólares y destinaron aproximadamente 17.7 por ciento de esos ingresos laborales a las remesas.
El flujo, además, tiene un marcado componente femenino. De los 47 mil 308 millones de dólares enviados por mujeres mexicanas, 29 mil 124 millones llegaron a mujeres en México, equivalentes al 61.6 por ciento del total.
Una economía construida entre dos países
Estas cifras permiten observar la migración femenina mexicana desde una perspectiva distinta. No se trata únicamente de mujeres que trabajan en Estados Unidos y mantienen a sus familias. También son participantes activas de un circuito económico que conecta empleo, ingresos, consumo y patrimonio entre ambos países.
La importancia de esta participación se vuelve más evidente cuando se considera que en el 2022, las mujeres representaban casi la mitad de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos. Su incorporación al mercado laboral genera ingresos en la economía estadounidense y, mediante las remesas, una parte de esos recursos llega directamente a hogares mexicanos.
El fenómeno tampoco puede reducirse a las remesas. El trabajo de las mujeres mexicanas sostiene sectores de servicios, comercio, industria y otras actividades de la economía estadounidense, mientras sus ingresos contribuyen al bienestar de familias en México.
Durante mucho tiempo, la narrativa migratoria presentó a las mujeres como acompañantes de una migración protagonizada por hombres. Los datos muestran otra realidad. Las mujeres mexicanas migrantes trabajan, generan ingresos y transfieren una parte significativa de ellos a México.
Son, al mismo tiempo, fuerza laboral en Estados Unidos y agentes económicos de una relación que continúa extendiéndose más allá de la frontera. En esa doble función se encuentra una de las expresiones más concretas de una economía binacional sostenida también por mujeres.