La exclusión de los sistemas de salud y retiro traslada el peso financiero y emocional del cuidado médico a los hijos de la primera generación de trabajadores.
La exclusión de los sistemas de salud y retiro traslada el peso financiero y emocional del cuidado médico a los hijos de la primera generación de trabajadores.
Envejecer en Estados Unidos sin una Red de Seguridad
La generación de mexicanos que llegó a Estados Unidos durante las décadas de los ochenta y noventa está entrando en una etapa decisiva. Después de años de trabajo en la construcción, la manufactura, la agricultura, los servicios y otros sectores físicamente exigentes, muchos enfrentan una pregunta que durante décadas parecía lejana. ¿Con qué recursos podrán sostener su vejez?
El problema no es que todos hayan quedado fuera de los sistemas estadounidenses de retiro. Algunos cuentan con Seguro Social, Medicare, pensiones privadas o ahorros. La dificultad aparece cuando esos recursos son insuficientes, cuando la trayectoria laboral fue irregular o cuando nunca se alcanzaron las condiciones necesarias para acceder plenamente a ellos.
Cuando trabajar durante décadas no garantiza una jubilación
Para recibir los beneficios de jubilación del Seguro Social se requieren, en general, 40 créditos de trabajo. Sin embargo, acumular créditos no significa necesariamente contar con un ingreso suficiente para cubrir una vejez prolongada. Entre los trabajadores inmigrantes de menores ingresos, la participación en cuentas privadas de jubilación también es menor que entre los trabajadores nacidos en Estados Unidos.
La salud añade otra dimensión al problema. En 2024, alrededor de 32% de los inmigrantes mexicanos carecía de seguro médico. Al mismo tiempo, las nuevas restricciones federales aprobadas en 2025 modificarán a partir del 1 de octubre de 2026 la elegibilidad para Medicaid (programa público de salud para personas de bajos ingresos ) y CHIP (programa de cobertura médica para niños de familias de ingresos bajos y moderados) de determinados grupos de inmigrantes.
Para quienes llegan a la tercera edad con ingresos limitados, una enfermedad crónica o la necesidad de cuidados prolongados puede convertir una situación económica frágil en una crisis familiar.
La vejez también se está convirtiendo en un problema binacional
El costo de los cuidados hace más compleja esta transición. En 2025, el costo mediano nacional de contratar atención no médica en casa durante 44 horas semanales alcanzó aproximadamente 80 mil dólares anuales. Para muchas familias, asumir ese gasto resulta prácticamente imposible.
Aquí aparece una realidad cada vez más común. Los hijos participan en el financiamiento de medicamentos, consultas, vivienda y cuidados, mientras algunos padres consideran México como una alternativa para determinadas necesidades médicas o de asistencia.
La consecuencia es una nueva forma de dependencia transnacional. Una generación que contribuyó durante décadas a la economía estadounidense puede llegar a la vejez dependiendo de los ingresos de sus hijos y de una red familiar que se extiende a ambos lados de la frontera.
El desafío ya no consiste solamente en cómo jubilarse. Consiste en cómo envejecer con dignidad cuando el trabajo de toda una vida no necesariamente construyó una red de seguridad suficiente.