Un trabajador mexicano en Estados Unidos revisa su teléfono mientras una familia en México enfrenta el aumento del costo de vida y de los alimentos.
Un trabajador mexicano en Estados Unidos revisa su teléfono mientras una familia en México enfrenta el aumento del costo de vida y de los alimentos.
300 Dólares, Dos Inflaciones
Para millones de mexicanos que viven en Estados Unidos, enviar dinero a México sigue siendo una obligación familiar que se repite mes tras mes. Trescientos dólares pueden parecer una cantidad fija, pero su capacidad para sostener a una familia ha cambiado. Detrás de esa cifra existe una presión que ocurre en ambos lados de la frontera.
Una remesa bajo presión
El trabajador genera sus ingresos en dólares, pero primero debe enfrentar el costo de vivir en Estados Unidos. Renta, alimentos, transporte, seguros y otros gastos absorben una parte importante de su salario. Cuando el costo de vida aumenta, conservar una remesa de 300 dólares significa destinar una mayor proporción del ingreso al apoyo familiar.
La presión no termina cuando el dinero sale de Estados Unidos. El tipo de cambio determina cuántos pesos recibirá la familia. En septiembre de 2020, 300 dólares representaban aproximadamente 6,642 pesos al tipo de cambio de referencia. En septiembre de 2026, la misma cantidad equivalía a unos 5,421 pesos. Son alrededor de 1,221 pesos menos antes de considerar cualquier comisión por el envío.
Pero esos pesos tampoco conservan el mismo poder de compra.
El efecto tijera
La familia que recibe la remesa enfrenta el aumento de los precios en México. Alimentos, vivienda, transporte y servicios cuestan más que hace seis años. Por eso, comparar únicamente los dólares enviados puede ocultar una parte esencial de la historia.
El migrante enfrenta una doble presión inflacionaria. Por un lado, necesita generar dólares en un entorno donde vivir cuesta más. Por otro, esos dólares se convierten en pesos que deben enfrentar precios crecientes en México. Entre ambos extremos aparece el tipo de cambio, que puede reducir todavía más la capacidad de compra de la remesa.
Así, los mismos 300 dólares pueden exigir hoy un esfuerzo económico mayor para producirlos y, al mismo tiempo, representar menos capacidad de consumo para la familia que los recibe.
Las remesas siguen siendo fundamentales para millones de hogares mexicanos. Pero detrás de cada transferencia existe una realidad que las cifras nacionales no siempre muestran. Medir cuánto compra realmente una remesa permite observar no solamente cuánto dinero llega a México, sino cuánto esfuerzo representa enviarlo.