Una familia latina frente a su casa manufacturada en Estados Unidos. Aunque son dueños de su hogar, el pago y los incrementos en la renta del terreno representan un desafío constante para conservar su patrimonio.
Una familia latina frente a su casa manufacturada en Estados Unidos. Aunque son dueños de su hogar, el pago y los incrementos en la renta del terreno representan un desafío constante para conservar su patrimonio.
Dueños de la Casa, Rehenes del Terreno
Para muchas familias mexicanas que viven en Estados Unidos, una casa manufacturada puede representar una de las pocas posibilidades de construir patrimonio. Es una vivienda propia, adquirida después de años de trabajo y ahorro, pero con una diferencia que puede cambiarlo todo. La familia puede ser dueña de la casa y no del terreno donde está instalada.
Las casas manufacturadas ocupan un lugar importante dentro de la vivienda accesible en Estados Unidos. Su menor precio frente a una vivienda construida en un terreno propio ha permitido que hogares con ingresos limitados entren al mercado de la propiedad. En el 2023, el 51 por ciento de los hogares latinos eran propietarios de su vivienda, una cifra que refleja el creciente peso de esta población en el mercado inmobiliario.
Una propiedad que depende del suelo de otro
Para quienes compran una casa dentro de un parque, la propiedad tiene una segunda condición. El terreno se renta.
Esto significa que una familia puede pagar durante años su vivienda y continuar pagando cada mes por el lote. Cuando aumenta esa renta, el propietario de la casa no siempre tiene una alternativa sencilla. Trasladar la vivienda puede costar miles de dólares y encontrar otro parque dispuesto a recibirla tampoco está garantizado.
El problema financiero comienza incluso antes. Los hogares hispanos recurren con mayor frecuencia a los llamados chattel loans, préstamos utilizados para financiar casas manufacturadas que no están vinculadas al terreno. Entre el 2018 y el 2021, más de 37 mil hogares hispanos adquirieron viviendas mediante este mecanismo. Estos créditos registraron tasas promedio de 7.8 por ciento, frente al 3.5 por ciento de las hipotecas para casas manufacturadas.
Cuando el patrimonio queda atrapado
Para una familia mexicana, la casa puede ser mucho más que una propiedad. Puede representar la primera inversión importante realizada después de años de trabajo en Estados Unidos y un patrimonio destinado a los hijos.
Pero la seguridad de ese patrimonio depende también de quién controla el terreno.
Las comunidades de casas manufacturadas enfrentan además una creciente presión de inversionistas y propietarios corporativos interesados en adquirir parques donde existen cientos de viviendas concentradas en un mismo terreno.
El resultado puede ser una paradoja difícil de explicar. Una familia puede ser propietaria de su casa y, al mismo tiempo, encontrarse económicamente atada al propietario del suelo.
En ese punto, la pregunta deja de ser cuánto cuesta comprar una vivienda.
La pregunta es cuánto cuesta conservarla.