Para las familias mexicanas en Estados Unidos, el costo de los alimentos y el transporte absorbe gran parte del sueldo, reduciendo el margen para el ahorro y las emergencias.
Para las familias mexicanas en Estados Unidos, el costo de los alimentos y el transporte absorbe gran parte del sueldo, reduciendo el margen para el ahorro y las emergencias.
ENTRE EL GASTO Y LA REMESA
La Realidad Económica de los Mexicanos en EE.UU.
Trabajar en Estados Unidos puede ofrecer oportunidades, pero no garantiza estabilidad económica. Para muchas familias mexicanas, el sueldo se reparte entre renta, alimentos, transporte y atención médica antes de que llegue el siguiente pago. Si además hay hijos que mantener o familiares que dependen de los envíos de dinero a México, ahorrar se convierte en un objetivo difícil de alcanzar.
La preocupación tiene fundamento. En una encuesta publicada en octubre del 2026, el Pew Research Center encontró que el 80 por ciento de los votantes latinos consultados estaba muy preocupado por el costo de la vivienda y el 78 por ciento por los alimentos y otros bienes de consumo. La economía ocupa un lugar central en sus preocupaciones.
El seguro médico representa otra presión. Según la encuesta anual de KFF (Kaiser Family Foundation), en el 2026 los trabajadores con cobertura familiar patrocinada por su empleador aportaron, en promedio, 7 mil 471 dólares anuales para pagar las primas. Son unos 623 dólares al mes, sin contar deducibles, copagos ni otros gastos médicos. Para una familia que ya destina buena parte de su ingreso a la vivienda y la comida, esa cantidad reduce todavía más el dinero disponible.
El presupuesto de muchos hogares mexicanos no termina en Estados Unidos. Las remesas familiares ayudan a pagar alimentos, servicios, vivienda o medicamentos en México. Cuando el dinero escasea del lado estadounidense, reducir el envío puede ser una decisión dolorosa, pero necesaria para cubrir los gastos propios.
El margen para afrontar imprevistos también se estrecha. Una reparación del automóvil, una consulta médica o una semana sin trabajar pueden obligar a utilizar tarjetas de crédito, atrasar pagos o recurrir a los ahorros. Sin dinero disponible, metas como comprar una casa, financiar los estudios de los hijos o preparar el retiro quedan aplazadas.
La situación no es igual para todos. El salario, el costo de vida y las prestaciones varían según el estado y el tipo de empleo. Sin embargo, los datos muestran que la preocupación por los gastos esenciales está ampliamente extendida entre los votantes latinos.
El problema no es solamente cuánto gana una familia, sino cuánto conserva después de pagar lo indispensable. Cuando el sueldo apenas alcanza para sostener el presente, el trabajo pierde parte de su capacidad para construir un futuro. Para los mexicanos en Estados Unidos, llegar a fin de mes puede significar posponer la compra de una vivienda, reducir la ayuda a sus seres queridos y vivir sin una reserva para la próxima emergencia.