Un agente de seguridad equipado con guantes tácticos durante un operativo. La adquisición de estos dispositivos por ICE abre el debate sobre el uso de la fuerza y la supervisión de las detenciones migratorias.
Un agente de seguridad equipado con guantes tácticos durante un operativo. La adquisición de estos dispositivos por ICE abre el debate sobre el uso de la fuerza y la supervisión de las detenciones migratorias.
La tecnología del Terror, el Nuevo Guante del ICE
El miedo puede convertirse en un arma incluso antes de que llegue el primer golpe. Basta una mano enguantada, la amenaza de una descarga eléctrica y la certeza de que el dolor puede repetirse. Esa es la inquietante dimensión de una tecnología que coloca el sometimiento físico y psicológico en el centro del control migratorio estadounidense.
La adquisición de estos dispositivos por parte de las autoridades federales abre una pregunta incómoda. ¿Hasta dónde puede llegar el Estado en nombre de la seguridad cuando el objetivo es conseguir obediencia mediante el miedo?
Dolor sin huellas visibles
Una investigación de Associated Press, basada en documentos obtenidos por la organización American Oversight, reveló que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) firmó en agosto un contrato de 16.7 millones de dólares para adquirir 6 mil pares de guantes G.L.O.V.E.
El dato más inquietante proviene de una evaluación militar realizada en el 2024. Los participantes que recibieron descargas experimentaron dolor intenso, fatiga muscular y temor a sufrir nuevas aplicaciones. La resistencia cesaba rápidamente, pero el efecto no terminaba con la descarga.
El dispositivo puede provocar dolor sin dejar marcas visibles, una característica que plantea serias dudas sobre la supervisión de su uso. En un contexto de denuncias por abusos durante operativos migratorios, la ausencia de señales físicas evidentes puede complicar la documentación de posibles excesos.
ICE sostiene que estos guantes ofrecen una alternativa menos letal para controlar situaciones de resistencia. Sin embargo, llamar menos letal a una herramienta no demuestra por sí mismo que sea segura, proporcional ni necesaria.
La seguridad como justificación
La respuesta no ha sido uniforme dentro de Estados Unidos. California aprobó una prohibición de estos dispositivos, impulsada por legisladores preocupados por sus riesgos y por la expansión de las herramientas de fuerza en los operativos migratorios. El gobernador Gavin Newsom firmó la medida el 29 de septiembre.
Para los mexicanos que viven en Estados Unidos, el debate no es abstracto. Las decisiones de ICE afectan a comunidades enteras, familias con distintos estatus migratorios y personas que pueden encontrarse frente a agentes federales durante una detención.
Una política migratoria debe hacer cumplir la ley, pero también someter cada uso de la fuerza a criterios verificables de necesidad, proporcionalidad y rendición de cuentas. La tecnología no elimina esa obligación; puede volverla más urgente.
Si el éxito del control migratorio se mide por la rapidez con que una persona obedece por miedo al dolor, el problema va más allá de un guante eléctrico. Es la normalización del temor como instrumento de gobierno. Y ningún dispositivo, por sofisticado que sea, convierte esa práctica en una política humana.