Detrás de los expedientes consulares de muertes bajo custodia migratoria hay familias que este noviembre encienden veladoras exigiendo respuestas, transformando la ofrenda en un reclamo de verdad y justicia.
Detrás de los expedientes consulares de muertes bajo custodia migratoria hay familias que este noviembre encienden veladoras exigiendo respuestas, transformando la ofrenda en un reclamo de verdad y justicia.
UNA AUSENCIA QUE CRUZA LA FRONTERA
Las Ofrendas que Esperan a Quienes no Volvieron
En México, los primeros días de noviembre tienen una manera particular de acercarnos a la muerte. Las fotografías ocupan un lugar especial en las ofrendas, las veladoras iluminan los rostros de quienes ya no están y el aroma del cempasúchil acompaña un ritual que desafía el olvido.
Pero hay familias para las que recordar significa también preguntarse cómo murieron sus seres queridos, si recibieron atención médica y qué ocurrió durante sus últimas horas.
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el 20 de enero del 2025, 18 mexicanos han fallecido en circunstancias relacionadas con operativos migratorios o bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). El balance oficial de octubre del 2026 registra 15 muertes bajo custodia y tres durante operativos migratorios.
Detrás de esa cifra hay vidas, familias y proyectos interrumpidos. Hay padres, hijos, hermanos y abuelos cuya ausencia transforma para siempre la vida de quienes los esperan.
Una denuncia frente a la muerte
Uno de los casos recientes es el de Emiliano Andrade Covarrubias, de 56 años, quien falleció el 17 de octubre en el centro de procesamiento Río Grande, en Laredo, Texas.
Residente permanente legal en Estados Unidos, Andrade Covarrubias llevaba décadas viviendo en ese país. Padecía diabetes e hipertensión. Su familia denunció un deterioro progresivo de su salud y posibles deficiencias en la administración de medicamentos y la atención médica.
Fue encontrado inconsciente en su celda. Los intentos de reanimación no tuvieron éxito. Cuando se difundió la noticia, el resultado definitivo de la autopsia seguía pendiente. Las denuncias de negligencia requieren, por tanto, una investigación que permita establecer las circunstancias de su muerte.
La Secretaría de Relaciones Exteriores anunció acciones jurídicas y exigió una investigación pronta, exhaustiva y transparente.
La pregunta trasciende este caso. ¿Qué ocurre con una persona cuando queda bajo custodia del Estado y depende de sus autoridades para recibir atención médica?
La detención no elimina el derecho a la salud ni la obligación de proteger la vida. La situación migratoria tampoco disminuye la dignidad humana. Cuando alguien muere bajo responsabilidad de las autoridades, esclarecer los hechos es una exigencia fundamental.
Recordar también es exigir respuestas
Para las familias, el proceso puede prolongar una incertidumbre que comenzó con una detención y terminó con una llamada o una notificación oficial. Al dolor de la pérdida se suman la distancia, las dificultades para obtener información y la necesidad de comprender qué sucedió cuando sus seres queridos estaban fuera de su alcance.
En ese contexto, el Día de Muertos adquiere otra dimensión. Una fotografía colocada sobre un altar representa el cariño que permanece, pero también la historia de una vida que merece ser conocida más allá de las circunstancias de su muerte.
No se trata de convertir cada ofrenda en una denuncia ni de reducir una tradición cultural a la tragedia migratoria. Se trata de reconocer que recordar implica preservar los nombres, respetar las historias y evitar que las muertes queden resumidas en cifras.
La migración mexicana hacia Estados Unidos está hecha de proyectos, sacrificios y vínculos que atraviesan fronteras. Muchas personas se marcharon en busca de mejores oportunidades para sus familias. Sus vidas no pueden definirse únicamente por su situación migratoria, y sus muertes tampoco deberían quedar reducidas a un expediente.
Cuando alguien muere lejos de casa, la distancia puede impedir una despedida y complicar el acceso a documentos o explicaciones oficiales. Conocer la verdad forma parte de la dignidad que merecen tanto la persona fallecida como quienes sobreviven.
Una luz para quienes faltan
El Día de Muertos incorpora la muerte a la memoria colectiva y reconoce que los vínculos familiares sobreviven a la ausencia física. Una fotografía, un vaso de agua, el alimento preferido y una vela pueden expresar lo que las palabras no alcanzan a decir.
Para las familias de mexicanos fallecidos bajo custodia migratoria, la ofrenda puede ser un espacio de duelo y dignidad. Algunas conservarán fotografías y mensajes; otras seguirán esperando respuestas. Ninguna debería renunciar a conocer la verdad.
La memoria no sustituye a la justicia. Una ceremonia no resuelve una investigación pendiente ni devuelve una vida. Pero puede impedir que la indiferencia se imponga y recordarnos que detrás de cada expediente hubo una persona.
Este noviembre, mientras el cempasúchil vuelva a cubrir los caminos simbólicos hacia los altares, habrá nombres que merecen ser pronunciados con respeto. Las 18 muertes recuerdan la necesidad de esclarecer cada caso, garantizar atención médica adecuada y acompañar a las familias.
Que la luz de las veladoras acompañe a quienes ya no están. Que sus familias encuentren algo más que palabras de condolencia: respuestas verificables, investigaciones transparentes y justicia cuando se acrediten responsabilidades.
Porque en México recordar a los muertos es mantenerlos presentes. Y cuando una muerte deja preguntas sin resolver, honrar esa memoria también significa no dejar de preguntar.